La bruja, la espada y la hija del herrero (2)

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PARTE 2. EL INICIO DE LA LEYENDA

Era una noche especialmente oscura. Las estrellas brillaban con una intensidad inusitada. En las calles se respiraba silencio y una espesa niebla cubría cada rincón de la pequeña aldea. Las ventanas de las casas estaban humedecidas por la transpiración y las chimeneas no cesaban de escupir humo en su empeño por calentar los hogares.

Y a pesar del frío exterior me desperté empapada en sudor. Mi sencilla camisa de dormir, de grueso algodón blanco, se adhería a mi piel cual sanguijuela hambrienta. Sin previo aviso, un sueño premonitorio me había arrancado del preciado descanso nocturno y me había mostrado que la paz de la región dependería de unas pequeñas y delicadas manos. Pero eso no sería posible sin mi intervención.

La niña, cuyas manos frenarían a los ejércitos más temibles, aun no había nacido, pero cuando cumpliera los quince años se le revelaría tal aciago destino. Y yo tendría que mostrarle el camino de forma sutil y sin descubrir mi verdadera identidad. Una espada, forjada por su propio padre con mis indicaciones, sería el instrumento que le infundiría la energía y el valor necesarios para despertar en ella el poder de la justicia. Eso sucedería en el preciso momento en que la empuñara por primera vez.

Debía ser paciente y localizar a la niña. Y aunque disponía de tiempo, tenía que prepararme.

Me encontraba en mi humilde cabaña, frente al caldero de hierro forjado que colgaba encima del fuego. La poción estaba casi lista: raíz de mandrágora, sangre de dragón y flores de saúco. Una fórmula secreta de mi difunta abuela.

Todo había sido recolectado y preparado con mucha diligencia: la raíz de mandrágora había sido recogida justo cuando sus flores amarillas acababan de aparecer. Antes de la extracción, había dibujado tres círculos alrededor de la planta, usando mi espada corta de acero. Una vez extraída, la guardé en un saco bien cerrado para que no le diera el viento. Al llegar a casa la colgué boca abajo en un lugar seco y oscuro. Solo restaba esperar a que se secara sin estropearse.

La sangre de dragón era más difícil y peligrosa de conseguir, pero yo tenía suerte de ser la tercera generación de una familia de hechiceras. Eso me había permitido heredar algunos de los ingredientes más extraordinarios del mundo mágico. Era un material muy sensible y su conservación requería de unas atenciones expertas como las que yo había aprendido cuando solo contaba con diez años.

Las flores de saúco estaban a mi alcance de forma asequible, puesto que en la parte trasera de mi cabaña se abría un pequeño bosque lleno de árboles de esa especie. Aunque fáciles de conseguir, las flores de saúco tenían que ser recolectadas el último día de abril y nunca sin pedir permiso a Hyldemoer, la ninfa que habitaba en esos árboles y velaba por ellos. El ritual era sencillo: unas palabras recitadas con amor hacían aflorar a la ninfa de su forma invisible; entonces se le pedía el permiso. Ella, que tenía la capacidad de captar las vibraciones del corazón humano, podía diferenciar un corazón puro de uno corrompido.

De pequeña me habían dicho que si talabas un saúco, matabas a la ninfa que habitaba en él. Una vez, tuve la desgracia de presenciar cómo unos leñadores osaron hacer eso. Fue una atrocidad, sentí horror al escuchar los gritos de la ninfa que se debatía entre la vida y la muerte a cada golpe de hacha.

Cuando todos los ingredientes estuvieron en su punto óptimo, procedí a su mezcla con un orden no casual. Lo primero que necesitaba era llenar el caldero con el agua más pura de un manantial cercano, donde las aguas emergían humeantes. Lo primero que añadí fueron unas rodajas de la raíz de mandrágora y unas flores de saúco. Con ayuda de mi cuchara de fresno removí sin descanso hasta que todo quedó bien integrado; momento en que agregué tres gotas de sangre de dragón mientras repetía unas palabras mágicas (y secretas).

Después de tres días y dos noches infusionando la mezcla, procedí a su destilado con ayuda de mi alambique. El resultado fue un elixir violáceo y muy brillante.

Ahora solo me quedaba esperar el momento oportuno para hacer el encargo al herrero.

@lidiacastro79

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PARTE 3. LA HORA DE LA VERDAD
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19 comentarios en “La bruja, la espada y la hija del herrero (2)

    • Sí, és una preseqüela de la història! Sobre la nimfa, quan vaig fer mitologia grega hi havia unes nimfes que es deien driades, que vivien en el arbres i morien quan moria l’arbre. M’he inspirat amb això i el nom de Hyldemoer és un nom d’una nimfa de la mitologia nòrdica que existeix.
      Gràcies, Javi! Per llegir-ho d’una tirada i amb tant d’interès. Una altra abraçada i disfruta del finde! 😊

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  1. Wow! Trobo que tinc una mica oblidada la mitologia grega; això és un crim per a mi. La mitologia nòrdica és molt interessant; he llegit una mica en Borges, i m’ha apassionat. Si tens bibliografia per recomanar-me, t’ho agraïré molt!

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    • Jajaja 😂 No necesitará ninguna transposición, tranquila. Aun le queda mucho por vivir y por hacer. Tú sigue leyendo y verás. De hecho, puede que te lleves una sorpresilla con la hechicera 😉
      Muchas gracias, Pau!!
      Abrazote de domingo 😘💓

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