En el callejón. Parte 2: la resolución

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Estaba desesperado e impaciente por obtener los resultados de las pruebas y la desazón llenaba mis horas. No podía aguantar tal exasperación, así que me dirigí al laboratorio para ver cómo avanzaban las investigaciones.
Sobre el cuchillo, ya habíamos descartado que fuera el arma del crimen, puesto que en el cadáver no había incisión alguna. Aún así, lo hice analizar. El Dr. Philips, el hematólogo, me informó que en el análisis de la muestra, había observado células sanguíneas nucleadas, cosa que evidenciaba que la sangre no era humana.

“Interesante dato…” -pensé para mí.

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Vista de sangre de ratón al microscopio

Dejé de lado el cuchillo, pues, de momento no veía una relación directa con la muerte.
La muestra de tejido que extraje de debajo de las uñas de la víctima estaba en poder de la históloga, la Dra. Franklin. Mujer de carácter fuerte pero de gran corazón. Ella me explicó que había comparado la muestra con su base de datos y podía asegurar que era tejido epitelial cutáneo de tipo humano.

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Vista de tejido humano al microscopio

– Así que piel humana…  -musité de forma casi imperceptible.
– Sí, pero coincide con la muestra procedente de la erupción cutánea del difunto.
– O sea, que podemos descartar que perteneciera al presunto asesino.
– Así es. Seguramente la víctima se rascó la erupción con tal fuerza, que la piel se le desprendió, quedándose bajo sus uñas.
Con esa información, se desvanecía la hipótesis de que la víctima se defendiera de un hipotético ataque violento.
La siguiente prueba me llevó a ver a la antropóloga forense, la Dra. Brennan. Una persona especial. Rara, más bien. De profundos ojos verdes y una mirada felina que hacía que te sintieras intimidado en su presencia.
Ella había comprobado el tamaño y la forma del hueso encontrado entre el contenido del estómago del difunto. Afirmó, con aquella seguridad que la caracteriza, que el hueso pertenecía a un pequeño mamífero roedor.
– ¿Un conejo…? -pregunté de forma retórica.
– Le mandé la muestra a la Dra. Franklin y confirmó que las células del hueso coincidían con los de una cola de ratón -dijo ella sin levantar la mirada del microscopio.

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– ¡¿Un ratón?! Puaj… -Una arcada me sobrevino de repente.

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Vista de un hueso de ratón al microscopio

Aún me quedaba el papel, aparentemente en blanco. Lo había enviado al departamento químico, quienes estaban muy habituados a descubrir la presencia de mensajes ocultos hechos con tinta invisible. El departamento en cuestión estaba dirigido por dos hermanos gemelos un poco excéntricos. Las malas lenguas decían que los vapores que inhalaban al realizar sus pruebas les perturban el entendimiento.
Los Drs. Smoke realizaron dos pruebas al papel:
En la primera, lo rociaron con hidróxido sódico, en busca de algún rastro de fenolftaleína. Pero los resultados fueron negativos.
En segundo lugar, creyendo que la víctima había podido escribir algo usando zumo de limón, aplicaron calor al papel, con lo que apareció un mensaje: “Tengo mucha hambre. Estoy harto de los ratones. No me encuentro bien…”.

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Mensaje escrito con zumo de limón y revelado con el calor de una plancha de pelo

Ante aquella misiva tuve una corazonada… Pedí que buscaran en el difunto restos de alguna sustancia tóxica. Mientras, yo mismo fui de nuevo a la escena del crimen. Quería ver si encontraba una cosa… Y, efectivamente, entre los dos contenedores hallé una bolsita de plástico que contenía unas bolitas de color rosado. ¡Lo tenía!
Horas después, volví al laboratorio. Con satisfacción pude comprobar que en el organismo del difunto se hallaron restos de rodenticidas anticoagulantes, warfarina y bromadiolona. Que coincidían con las sustancias que componían el matarratas que yo mismo había encontrado en el callejón.
Todo sugería que el difunto, ante la posibilidad de morir por inanición, optó por consumir ratones que encontraba fácilmente en el callejón. La mala fortuna hizo que comiera un ejemplar que había consumido matarratas previamente, con lo que se envenenó a sí mismo.
Resultaba que, al final, no había sido un asesinato sino una muerte accidental.
¡Otro caso resuelto gracias al análisis de las pruebas!

@lidiacastro79

(Quiero dar las gracias a la profesora de ciencias y compañera Teresa Saballs por su asesoramiento en todos los tecnicismos. Gracias también a unas alumnas de 3º por hacer fotos de todas las pruebas que realizaron en el laboratorio y que me han servido para ilustrar el relato).

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