Flota 7092-8

Estándar
2578120000_7dd2ceff6d_o

Foto: Elena Vera (Flickr)

Diario de abordo:

Aquí la capitana de la flota 7092-8 en expedición a la luna. Nuestra nave acaba de partir del único reducto de la tierra que queda libre del dominio de los colonos, unos alienígenas despiadados que se dedican a saquear, matar y explotar los recursos naturales del planeta.

Nuestra tripulación está formada por cuatro miembros: dos de raza humana, entrenados en técnicas de combate y supervivencia extrema; un mutante, de apariencia humana pero con entrañas mecánicas, dotado de una fuerza y una resistencia extraordinarias (con muy mal genio, por cierto); y un androide volador, que tiene la forma de una luciérnaga de gran tamaño, con la capacidad de transmitir y recibir mensajes encriptados, ofrecer coordenadas y dotado de una gran inteligencia artificial (un sabelotodo bastante molesto, al que llamamos “Luci”). Todos formamos parte de la coalición que se creó después de la primera colonización, hace ya trece años. Somos la resistencia que lucha contra la oscuridad que se cierne sobre los vestigios de nuestro mundo.

El objetivo de la expedición actual es dar caza al jefe de los alienígenas, quien se dice que está organizando otro asedio sobre la tierra. Todo apunta a que está escondido en una guarida subterránea que se encuentra en la luna.

-¿Capitana?

– Sí, ejem… Dime, Luci -dije al perder el hilo de las notas que estaba tomando.

– Tengo nuevos datos en referencia a nuestro objetivo. Se han detectado cambios en las ondas magnéticas en una zona concreta de la luna. Determino que esos cambios son debidos a una manipulación alienígena.

– Bien, nos dirigiremos a esa zona en primer lugar. ¿Y sabes qué pueden pretender con esas manipulaciones?

– Seguramente es una forma de comunicación. Deben de estar convocando a nuevas hordas para el asedio. -dijo dirigiéndose hacia la puerta y desapareciendo sigilosamente.

El alunizaje fue un éxito. Dejamos la nave a buen recaudo en un rescoldo, no muy lejos de la zona indicada por el androide. Nuestros equipos nos permitían movernos por la luna, igual que lo haríamos por la tierra. A simple vista, en la superficie del terreno circundante, no se observaba entrada alguna. Hasta que mi segundo de abordo localizó una grieta que llevaba a unos pasadizos, que para nada parecían de origen fortuito.

Nos adentramos por ellos. Una larga sucesión de pasillos y escaleras excavadas directamente sobre la piedra. Por fin, llegamos a una especie de amplia galería en la que se podía ver una gran estructura metálica en el centro (después supimos que era una nave), a mano derecha había una plataforma elevadora que llevaba a un piso superior. Las paredes y techos estaban llenas de grietas por las que se escapaba una especie vapor que hacía que el ambiente estuviera cargado y nos dificultaba la visión. Al fondo de la galería se abría una estancia de donde surgían unos rumores constantes.

– Ahí hay algo… -dijo el mutante desenvainando su espada eléctrica.

El brillo azulado de la hoja iluminó todo a su alrededor. Y me recordó que era mejor usar las espadas en vez de las armas de fuego. Los vapores que llenaban el ambiente bien podían ser inflamables…

Era cierto, alrededor de una especie de nexo biomecánico estaban concentrados cuatro ejemplares de alienígenas. Se olían desde la lejanía. Su pestilente hedor era algo que no se olvidaba fácilmente. Aún no se habían percatado de nuestra presencia, así que decidimos rodearlos y atacarlos por sorpresa. Fue rápido y fácil. Pero había otros dos que estaban haciendo guardia en el extremo opuesto y que, al vernos, dieron la voz de alerta. En cuestión de segundos estuvimos rodeados por centenares de alienígenas armados hasta los dientes. No tuvimos más remedio que hacerles frente como pudimos para salvar la vida.

Mientras luchábamos, me percaté de la presencia del jefe. Se mantenía al margen, observando la escena desde lo lejos, blandiendo su arma y moviéndose en vaivén, esperando el momento de intervenir.

Algo me llamó mucho la atención ¿Era un sombrero de copa eso que llevaba sobre su cabeza de mantis religiosa? Al menos, eso parecía…

Habíamos acabado con la mayor parte de ellos, cuando unos alienígenas rezagados aparecieron con una especie de ogro encadenado que escupía unos rayos que fulminaban todo a su paso.

Ordené la retirada y abortamos la misión. Era un suicidio.

– Tendremos que volver con una escuadra mayor. -dije algo disgustada cuando ya estábamos de vuelta en la nave.- Por cierto Luci, averigua por qué el jefe llevaba un sombrero de copa…

@lidiacastro79

(Entrada para participar en “Móntame una escena“)

Licencia de Creative Commons
Mis historias y otros devaneos by Lídia Castro Navàs is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License
Anuncios

9 comentarios en “Flota 7092-8

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s