La señal del farol

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Foto cedida por Yolanda del blog Ratón de biblioteca

Escondida detrás de un matorral cercano al monasterio esperaba la señal. Era de noche y el frío invernal arreciaba a esas horas. Desde donde estaba veía perfectamente el farol. Su luz impertérrita se apagaría de un momento a otro y esa sería la señal que aguardaba con impaciencia.

Debíamos esperar a la clandestinidad de la noche para establecer nuestros encuentros, cada vez más frecuentes. En apenas unos minutos, disfrutaría del dulce sabor de la lujuria.

De repente, el farol se apagó, dejando a oscuras la puerta de acceso a la cocina. Corrí hacia allí para coger las cesta que sostenía la Hermana María, con los bizcochos, galletas y sobaos más pecaminosos del mundo. ¡Me merecía ir al infierno!

@lidiacastro79

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Mis historias y otros devaneos by Lídia Castro Navàs is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

HISTORIA DETRÁS DE ESTE POST:

Mi compañera bloggera, Yolanda, me contactó un día diciéndome que había encontrado una foto que le recordó a mí y me la compartió para ver si me inspiraba. Y tengo que darle las gracias porque tenía razón, me ha inspirado. ¡Gracias, Yolanda! Y espero que te guste el micro.

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37 comentarios en “La señal del farol

  1. Mª Yolanda Gracia López

    Bueno, sin duda será una dulce condena … Y es que hay muchos tipos de lujuria, aunque yo no había pensado en ésta. Digno final de la maestra del despiste. Felicidades, compañera, ha sido un placer (pero sin lujuria está vez)

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    • Muchas gracias, Sari Carmen!! Pues en realidad no como dulces. Mi mayor pecado es el chocolate sin leche ni azúcar, bien amargo, así que, no sé si es de ahí de donde saco la inspiración!! Jajaja Me alegra que te guste. Muchas gracias por tus palabras. Un abrazo bien fuerte!! 🙂

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  2. Mª Yolanda Gracia López

    Ya me habéis puesto los dientes largos. Esta noche pecaré, a conciencia: chocolate negro para ver si mañana amanezco con alguna historia en la cabeza como las de Lidia. Y además, lo haré con lujuria (ahora que no me oye la hermana María).
    Si es que esto da pa´mucho ….

    Le gusta a 1 persona

  3. La claridad se escapaba por la puerta abierta de la cocina.
    Me asomé con cuidado, vi que la hermana María no estaba pero encima de la mesa descansaba la cesta que, habitualmente, tenía preparada para mí.
    La cogí y eché a correr hasta doblar la esquina, allí me paré conteniendo la respiración, quité el paño que tapaba la cesta y ¡oh… no había lo que yo esperaba! En su lugar tan solo una nota: “la hermana María ha sido trasladada esta mañana al convento de Burgos”.

    Un abrazo, jeje.

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