La bruja, la espada y la hija del herrero (7.2)

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PARTE 7.2. CONTINUACIÓN

Tal y como Ira me había prometido, pude despedirme de mi familia. Acompañé a mi hermano hasta casa y disfruté de la compañía de mis padres por última vez. Ayudé a servir la cena y sin que se percatasen, eché en el agua del botijo el líquido que Ira me había entregado. Era la pócima que les borraría la memoria. Serví el agua, como de costumbre, pero yo no tomé. En cuanto me retiré a dormir, me despedí de ellos sin que fueran conscientes de que sería la última vez que sabrían de mí. Antes de irme, me escabullí en la armería, donde mi padre guardaba celosamente la espada y me la escondí debajo del vestido. Fue lo único que me llevé. Cuando me había alejado unos cuantos pasos de allí, me giré y dediqué una mirada fugaz a mi casa. Una tristeza inusitada me invadió y los ojos se me humedecieron. Y aunque sentí mucha pena, sabía que mi decisión era la acertada. Había sido elegida para luchar contra la oscuridad y quería acatar mi destino.

Ira me esperaba en el camino donde habíamos hablado unas horas antes. Nos encaminamos hacia el medio de transporte que nos llevaría al futuro. Estaba nerviosa. La tristeza de hacía un momento se transformó en excitación ante lo desconocido.

La nave era como las que había visto en las imágenes de mi mente cuando tomé la cápsula de conocimiento. El interior destacaba por ser espacioso y por el color blanco. Lo que más llamó mi atención fueron unos paneles llenos de lucecitas de colores; cualquiera de mi grupo parroquial hubiera dicho que era obra del mismísimo satanás pero yo sabía que era fruto del avance de la tecnología humana. Enfrente de los paneles había un par de asientos de cuero, también blancos, que se veían muy mullidos; nada que ver con las banquetas de madera que teníamos en casa.

No recordaba los nombres o el uso de todo lo que veía, pero no me era desconocido por completo; eso hacía sentirme segura y con ganas de aprender más.

Mi cara debía reflejar fascinación, porque Ira se quedó mirándome como cuando mi madre preparaba su tarta de queso y no se le hundía del medio. Con una sonrisa de satisfacción de oreja a oreja. Le devolví la sonrisa al tiempo que una voz masculina me sorprendió.

— Hola —dijo haciéndome el mismo gesto que me hizo Ira antes— Tú debes ser Hadrianna. Bienvenida. Mi nombre es Ton 


Me quedé mirándolo y sin habla. Primero, porque no esperaba encontrarme con nadie más en la nave y segundo, porque su altura y robustez me impactaron. Además, tenía los ojos más verdes que jamás había visto. Tan brillantes que desprendían luz propia.


— Ton es mi segundo de abordo. Es un boscaliano, una de las razas que pueblan el mundo del futuro. Pero no te preocupes, ya tendrás tiempo de aprender —dijo al ver mi cara atónita.


— Hola —respondí intentando disimular mi descaro.


— Bueno, será mejor que nos preparemos para el viaje. Siéntate aquí, Hadrianna. Te ayudaré a ponerte los anclajes —me indicó Ira.


Estaba a punto de emprender el mayor viaje de mi vida.


@lidiacastro79

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22 comentarios en “La bruja, la espada y la hija del herrero (7.2)

  1. jeje. Ara veig que et vaig entendre mal en la cinquena part, quan parlares sobre el tema de com acomiadar-se de la família, o que aquesta no patira. De totes maneres, és un pas molt dur, al menys per a ella.
    Una forta abraçada i bona nit!

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  2. Has reducido el ritmo (a lo mejor tuve algo que ver ;)) y te has centrado, con un paso más lento, en las emociones de “la elegida” y los sentimientos que provoca su decisión, lo que es todo un acierto, con una extensión correcta para no aburrir, pero lo suficientemente profunda como para empatizar. De vez en cuando, hay que obligar a la narración a frenar, por mucho que se quiera escribir como el rayo (que me pasa mucho)
    Un apunte: En la frase de saludo de Ton, quizá el apunte del narrador (lo que va entre rayas de diálogo, quicir) iría mejor después del “Hola”; a mí me resulta un poco descolgado.
    PS: ¿Romance interespecie? Como os oigan a María y a ti unos que me sé yo… 😀 😀 😀

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