La bruja, la espada y la hija del herrero (10)

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PARTE 10. EL ENTRENAMIENTO


Aquella primera noche mi sueño fue ligero e inquieto. No descansé demasiado en la cama nueva, aunque era muy cómoda; quizás demasiado para mi espalda acostumbrada a la rigidez de un catre.


El silencio de mi habitación se rompió cuando una música empezó a sonar. Eran unos suaves sonidos mezclados con notas de un piano, pero no había visto ninguno la noche anterior. Entonces pensé que quizás sería algún artilugio de mi cuarto que la hacía sonar. Me incorporé y me quedé sentada unos segundos en el borde de la cama.

La ventana heptagonal, que hasta el momento había permanecido opaca, dejó pasar la luz del día de forma gradual. Me acerqué hasta el cristal y me reveló un paisaje insólito:


Un brillante cielo amarillento sin rastro de nubes se cernía sobre mí. Abajo, se abría una metrópolis, no demasiado extensa, pues podía divisar los límites sin dificultad. Una multitud de edificios en forma de torres metálicas con planta heptagonal se amontonaban dentro de una gran cúpula transparente que cubría toda la ciudad. Más allá de la cúpula, en el horizonte, se podía ver el mar. Un océano que, con el reflejo amarillo del cielo, parecía un manto verde. Era lo único verde que se podía divisar desde mi posición. Supuse que los bosques se hallarían en dirección opuesta. De forma instintiva miré a mis espaldas y me topé de nuevo con mi habitación. Entonces vi que una cápsula del conocimiento me aguardaba en la mesilla de noche, junto a un vaso de agua y a una nota manuscrita:


Tómatela. Te espero en el piso 1.

Ira

PS. No te olvides de la pulsera, la necesitarás.”


Me recordó a mi madre, siempre dando órdenes; aunque ya me hubiera gustado a mí que mi madre me mandara cosas tan interesantes y no ir a por agua, cortar leña o lavar ropa. Sonreí de forma nostálgica al pensar en eso.


Me tomé la cápsula y de nuevo experimenté una avalancha de imágenes y palabras que llenaron mi mente. Esta vez, la temática se centraba en la invasión de los colonos alienígenas, la primera coalición interracial y la fundación de la ciudad en la que me encontraba: Pax Alba


Una vez vestida, me aseguré de llevar la pulsera y salí de la habitación. Me dirigí a la plataforma donde estaban los ascensores. Era fácil, solo tendría que seleccionar el piso 1 en el panel. Aun así, estaba nerviosa. ¿Acaso Ira me estaba poniendo a prueba? Quizás formaba parte de mi entrenamiento… Respiré hondo y aligeré mi paso.


En el trayecto me topé con otras personas. Podía diferenciar bien a qué raza pertenecían teniendo en cuenta lo que me habían explicado. Todas ellas me miraban y sonreían. Yo les devolvía la sonrisa pero eso no impedía que sintiera vergüenza.

Una vez en el ascensor y con ayuda de la pulsera, accioné el mecanismo y seleccioné el piso. En un corto lapso de tiempo ya había llegado a mi destino. Cuando se abrieron las puertas me encontré con un corredor corto que desembocaba en una gran sala acristalada, muy luminosa y llena de cojines blancos repartidos por el suelo. Había algunas personas, sentadas encima de los cojines con las piernas cruzadas y los ojos cerrados. Eran todos cristalianos. No cabía duda de eso. Tuve la sensación de estar en el lugar equivocado, así que, antes de que nadie se moviera, desandé mi camino y volví al ascensor. Allí comprobé que me encontraba en el piso 11 y no en el 1. Debía de haber seleccionado el 1 dos veces, fruto de mi pulso alterado por los nervios. Me sonrojé y volví a intentarlo. Esta vez llegué sin problemas y allí estaba Ira esperándome.


— Has tardado mucho. ¿Algún problema?

— En absoluto —contesté firme. Realmente esperaba que eso no formara parte de mi entrenamiento o ya habría empezado con mal pie. 

 

@lidiacastro79

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24 comentarios en “La bruja, la espada y la hija del herrero (10)

  1. Continúa molt bé la història, mantenint la intriga i amb molt bones descripcions. Espero amb ànsies eixe primer dia d’entrenament. Sols un petit detall: quan fas la descripció de la ciutat jas ficat “supose”.
    Una forta abraçada i bona nit, Lidia!

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  2. 1 y 1… ¡y no le lleva al 2! 😀 😀 😀 Personalmente, creo que la protagonista sigue bien dibujada, pues aunque el entorno sea extraño para ella, ya ha quedado claro que es una mujer resuelta y decidida. Ese toque de desenfado al final para disimular su error ha sido muy gracioso.
    Problemillas tocanarices:
    -La primera frase (hala, venga, pa’empezar) no me gusta en su ritmo con la coma, principalmente porque la siguiente también tiene muchas pausas, incluyendo un punto y coma. Quizá si se unifican las dos partes anteriores al punto en una sola frase corta introductoria en plan “Tuve una noche de sueño ligero e inquieto” 😉
    -El piano… es un instrumento desarrollado hacia 1700, me temo. Si la muchacha (me rindo, que se llame como quieras :D) es de la Edad Media… ups 😛
    -En “Abajo, se abría una metrópolis” quitaría la coma…

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    • Juas, juas! Es un teclado numérico, no una calculadora, listillo 😜 Jajaja
      Buf, me has puesto deberes, después me pongo con ellos:
      – Intentaré fusionar la primera frase vaaaa porque eres tú 😉
      – Lo del piano lo sé, pero pensé que a lo mejor conocía el instrumento de la cápsula de conocimiento y no de su época. Pero ya que me lo planteas, quizás podría decir algo así : “… unas notas que me recordaban al órgano de la iglesia, pero no había visto ninguno la noche anterior” Mejor así?
      – Fuera la coma!!
      Gracias por ‘tocarme las narices’ 😉 Jeje 😅
      Un abrazooo

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      • Sí, lo del piano también pensé que podía haber escuchado un instrumento fuera de su tiempo con la cápsula. Podría arreglarse con una mención anterior, por ejemplo, con una música en la habitación donde duerme de un instrumento que no conoce y así sabe lo que es un piano… pero es demasiado trabajo para un elemento tan poco importante en la trama como es la musiquilla de un ascensor. Si pones que se trata de Kenny G., ¿qué tal? 😀 😀 😀 😀
        Nooooo, es broma, claro. Deja lo del piano (la conversión al órgano lo enreda innecesariamente), que total, tampoco es para tanto. Era un apunte un poco pedante, lo reconozco, y pasa desapercibido 😉

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