La bruja, la espada y la hija del herrero (10.2)

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PARTE 10.2. LA CONTINUACIÓN

Después del desayuno empezó el verdadero entrenamiento. Ira, Ton, Zen y yo fuimos a la planta 0, es decir, bajo tierra, donde había una sala con una gran cabina individual en medio, un asiento en su interior y un montón de monitores alrededor. Tres hombres, un cristaliano y otros dos humanos, esperaban nuestra llegada.

— Doc, traemos a la aprendiz para el entrenamiento —dijo Ira dirigiéndose al cristaliano.

— Bien, pero primero, el chequeo —dijo sonriendo.

Uno de los humanos se acercó a mí con un dispositivo electrónico a modo de bloc de notas y empezó a hacerme algunas preguntas que parecían rutinarias.

— ¿Cómo te llamas?

— Ha… Dri, me llamo Dri —contesté titubeante. Aun no me había acostumbrado a mi nuevo nombre.

— ¿Qué edad tienes?

— Quince años.

Él iba repitiendo todo lo que yo decía a la vez que lo anotaba en su dispositivo. Aparte del cuestionario, que siguió con preguntas sobre enfermedades que recordara haber tenido o que las hubieran padecido mis padres, también me midió, pesó, tomó mi pulso, miró dentro de mis orejas, comprobó mis pupilas, temperatura, reflejos…

— Doc, ya he terminado —dijo el hombre.

— De acuerdo. Dri, ¿sabes cómo será el entrenamiento? —me preguntó mientras levitaba hacia mí.

— No.

— Se trata de un “entrenamiento de realidad virtual”. Te meteremos en esa máquina y te conectaremos a estos monitores donde controlaremos todas tus constantes. Tú sentirás que te duermes y despertarás en otro sitio, pero en verdad no te vas a mover de aquí. Queremos ver cómo te desenvuelves en diversas situaciones. ¿Has entendido?

— Sí —respondí impaciente.

— Vale. Cuando despiertes, es posible que te sientas aturdida, desorientada y que hayas olvidado algunas cosas, pero no tienes de qué preocuparte porque no vas a ir sola, allí encontrarás a tu androide. Él te guiará.

— ¿Mi qué? —pregunté sorprendida.

Doc echó una mirada a Ira que en seguida se sintió culpable por haberse olvidado de contarme esa parte.

— Lo siento no he tenido tiempo de… —empezó a decir ella.

— ‘Tiempo’ es justo lo que no tenemos, así que, vamos a empezar.

«Una vez allí ya descubrirás el resto —añadió Doc dirigiéndose a mí.

— Está bien, no pasa nada —dije para calmar los ánimos. Aunque ahora era yo la que estaba inquieta además de ansiosa.

Me metí en la cabina y me estiré en el asiento, que era muy cómodo, la verdad. Me pusieron dos trozos de plástico redondos en la frente que quedaron adheridos a mi piel; otro, en la muñeca izquierda y un último, en el cuello, por debajo de mi barbilla. Finalmente, me ofreció una cápsula de conocimiento.

— Es para que reconozcas las armas y sepas cómo usarlas.

Me la tomé y no dije nada, pero deseé que hubiera espadas allí donde iba.

— ¿Estás preparada?

— Sí —contesté al tiempo que mi mente se inundaba de imágenes de armamento.

Cerró la tapa transparente de la cabina individual y un vacío hermético me aisló totalmente del exterior. Ya no podía ni ver, ni escuchar nada procedente de fuera. Cuando el efecto de la cápsula de conocimiento pasó, empecé a sentir sueño, un apacible e irremediable sueño que me llevó lejos de allí. 

@lidiacastro79 

Puedes leer la anterior: AQUÍ

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28 comentarios en “La bruja, la espada y la hija del herrero (10.2)

    • Me alegra que te guste la historia 🙂 🙂 🙂 Me hace feliz saberlo!! Un pasaje para ti, dices?! jajaja pues tendré que preguntar a mi musa, pues es ella la que decide por mí 😉
      Se intentará, pero no prometo nada, eh?! ;P
      Abrazo de vuelta, Pau!!

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  1. Vamos con una sesión de “Matrix” 😀 Buena escena en la que seguimos con un tempo pausado, necesario para los momentos en los que la protagonista, a mi juicio, va haciéndose una idea cabal del mundo en el que está y se prepara para lo que ha de llegar.
    Por cierto, con lo de los nombres: ¿Ves como al final no era Hadrianna?
    -En “Los cuatro: Ira, Ton, Zen y yo”, me sobra una de las dos cosas, al ser redundante 😉
    -Falta la tilde de “Aún” (4ª línea de diálogo). También en “pregunté” (cuando le dicen lo del androide)
    -Al final, “un apacible e irremediable sueño que me llevó” no me cuadra eso… Es decir, con la frase tal y como está construida, el sueño se la ha de llevar a algún sitio (que me llevó… ¿adónde?). Quizá quisieras decir “que se me llevó”, por lo que queda implícito que se la llevó… del mundo consciente a esa realidad virtual.

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    • jeje Sí, Matrix está bastante presente con lo de las capsulitas y la realidad virtual. No puedo negarlo 😉
      Sobre los pauntes:
      – Ok. Eliminada la redundancia ya mismo!
      – El adverbio aun está aceptado con y sin tilde desde hace algún tiempo (ojo, que no soy yo quien lo dice! http://dle.rae.es/?id=4ObzbDY). La tilde de pregunté, colocada 🙂
      – Eso del final, le daré unas vueltas y ya te diré. De entrado no lo veo tan mal como está, pero sí es cierto que el sentido que quiero darle es ese de que el sueño se la lleva de donde está a la realidad virtual…
      Gracias mil, Lord! Abrazote! 🙂 🙂

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  2. Ya estoy de nuevo aquí, leyendo antes de que el sueño inducido de los viernes me llevé al reino de la fantasía.
    La historia está cada vez más interesante, bendita imaginación la tuya que nos hace pasar tan buenos ratos.
    Un abrazo.

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