La bruja, la espada y la hija del herrero (10.4)

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PARTE 10.4. LA CONTINUACIÓN

Nuestra misión parecía sencilla: llegar al otro lado de la ciudad atravesando unos túneles para recoger algo y dirigirnos a la nave que se encontraba escondida en un recodo de la muralla cerca de allí.

Pronto, las alcantarillas que estábamos atravesando se ampliaron e iluminaron gracias a unas aberturas con rejas que aparecieron por encima de nuestras cabezas. Fue entonces cuando observé que las paredes estaban humedecidas y tenían forma circular. También pude ver la razón por la que mis pies se quedaban pegados a la pasarela metálica por donde pasábamos; la culpa la tenía una sustancia viscosa y oscura que me dificultaba avanzar. ¿Serían restos de sangre? Prefería no saberlo.

Continuamos hacia adelante, traspasamos una puerta doble que estaba rota y subimos un tramo de escaleras hasta llegar a una gran sala en la que las paredes amarillentas estaban llenas de inscripciones ininteligibles. Estas llamaron mi atención, así que aminoré la marcha.

— Son mensajes cifrados de los colonos —dijo el androide cuando me detuve.

— ¿Los entiendes? —le pregunté por curiosidad.

— Hay símbolos que se descifraron hace algún tiempo, pero los mensajes completos todavía son un enigma. Los criptógrafos continúan estudiándolos.

»Sigamos, Dri.

— ¿Tienes nombre o debo llamarte androide? —le pregunté al darme cuenta de que no sabía cómo dirigirme a él.

— Soy un androide al igual que tú eres una humana, pero ese no es mi nombre. No tendré nombre hasta que mi capitana me lo ponga.

— ¿Y quién es tu capitana?

— Mi capitana eres tú.

¡Vaya! ¿Capitana? ¿Capitana de qué? Me quedé pensativa unos instantes hasta que pude reaccionar.

— Eso es una responsabilidad muy grande. Tendré que pensarlo bien.

Continuamos adelante hasta que nos topamos con una puerta entrecerrada. Estaba atascada, tuve que clavar bien mis pies al suelo y ayudarme de un hombro para abrirla. Finalmente cedió, pero un gran estruendo se dejó oír.

Al momento, una punta de flecha pasó rozando mi mejilla hasta clavarse en la pared.

— ¡Nos han descubierto! ¡Cúbrete, eso son dardos envenenados!

— ¡¿Qué?! —pregunté horrorizada tocando la leve herida que tenía en la cara.

Me agaché y me oculté detrás de unas gruesas barandillas de hierro. Con la espalda apoyada en el metal, empecé a experimentar un cierto mareo. “¡No, espera! —me dije para mí— Esto es solo un entrenamiento, no me pondrían en peligro, ¿verdad?”

Otros dos dardos silbaron en el aire y se incrustaron en la pared que tenía enfrente. Debía hacer algo así que me posicioné para avistar a los colonos que nos atacaban. Eran tres de esos seres mutantes de cuatro brazos. De los de menor tamaño. Y aunque mi cuerpo temblaba, mi mano se mantuvo firme en cuanto apunté y disparé. No hice diana a la primera, pero al tercer disparo se oyó un gruñido acompañado de un golpe seco; había dado en el blanco. Me sentí satisfecha, sin embargo seguía prefiriendo mi espada a ese fusil tan pesado.

— ¡Vamos! ¡Por aquí! —me indicó el androide.

Atravesamos una pasarela más y llegamos a cielo abierto. Una gran explanada de tierra árida se abría ante nosotros.

— Tenemos que ir allí y recoger un chivato —dijo señalando hacia un edificio de hormigón abandonado.

— ¿Qué es un chivato?

— Un dispositivo espía que ha almacenado los movimientos de los colonos durante unas semanas. Es de crucial importancia recuperarlo. A veces los encuentran y los destruyen, pero este sigue operativo, recibo su señal.

Nos dirigimos con paso firme pero con cautela hacia ese gran bloque de argamasa. La puerta parecía un amasijo de hierros oxidados. Me costó un poco atravesarlo pero mi cuerpo menudo y flexible me facilitó la tarea. Era como un gran almacén lleno de contenedores de varios tamaños de los que desconocía el contenido. El androide se dirigió a un rincón donde se apilaban un montón de toneles y cajas con botellas, encima de unos palés de madera. Adherido en uno de los toneles había un pequeño aparato negro del tamaño de una nuez plana. Lo cogí y lo guardé a buen recaudo.

— Coge un par de esas —me dijo señalando hacia una caja llena de botellas.

Hice lo que me pidió. No sin preguntarme qué sería el líquido que contenían. Me cargué el fusil en la espalda y cogí las botellas.

— Tenemos que volver. La nave está en la parte trasera. Salgamos.

Sin dificultades llegamos a la nave y pusimos rumbo de vuelta. Estaba con la tensión a flor de piel. Hasta que no llegásemos, no recobraría la calma. Tomé asiento sosteniendo las botellas aun entre mis manos.

—¿Para qué son? —dije colocándolas en un receptáculo acolchado que había cerca de la puerta de embarque.

— Para celebrar tu primer entrenamiento. Tus compañeros se alegrarán de comer hoy con vino —contestó alegre.

— ¿Vino?

— Sí, en Pax Alba ya no podemos cultivar gran cosa y las últimas existencias están en terreno de los colonos.

Me volví a sentir mareada, entonces recordé la herida en mi mejilla. No quise hacer caso, pero el mareo aumentó hasta nublarme la vista y hacerme desvanecer. 

@lidiacastro79 

Más en la sección del mismo nombre. 

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Mis historias y otros devaneos by Lídia Castro Navàs is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

 

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30 comentarios en “La bruja, la espada y la hija del herrero (10.4)

  1. Huy pero ese entrenamiento parece que es un engaño y que la misión se haya desenvuelto en un mundo paralelo. O no me explico el asunto del vino requisado. Vaya lío, lo de los cuatro brazos genial. Pero si eran tres los atacantes, creo que o salieron corriendo o nos faltan disparos. Yo con los dos míos te mando un abrazo bien fuerte.

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  2. Hay un detalle que me ha gustado mucho (aparte de lo del vino… mira que montar tal paripé para echar un trago de Don Simón :D): el del nombre del androide, en un paralelismo con la elección del nombre de la protagonista (¿Hadrianna? ¿Helenna? ¿Serena?). A ver cómo llamamos al chavalín.
    Apuntes:
    -Es el turno de mi venganza con las comas: “de la ciudad, atravesando unos “. Yo la quitaría, o bien pondría una después de “algo”
    -No me gusta este inciso: “dijo el androide al ver que casi me detuve”, creo que el problema está en el tiempo verbal de detener, que me suena raro al ser el núcleo de la frase subordinada. Quizá si fuera introducida con un “cuando” en vez de “al ver que (…)”
    -Las comillas para un segundo párrafo de diálogo son las contrarias, me temo. No “«”, sino “»”
    -En “Debía hacer algo y me posicioné “, como ya había una frase anterior con “y”, qué tal algo como “Debía hacer algo: me posicioné ”
    -En “Estaba con la tensión a flor de piel, hasta que no llegásemos”, esa coma no me mola. Más que nada, porque el ritmo de las frases creo (creo) que requiere agilidad al tiempo que brusquedad, reflejando la situación de la protagonista. Todo este rollo, para decirte que ahí, en esa frase, la coma la cambiaría por un punto. Son frases cortas, con pausas que resuenan como martillos, como el resuello de alguien que acaba de combatir o huir 😉

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    • Sí, lo de los nombres ya ves que es algo que me tiene obsesionada! 😉
      El tema del vino fue una ocurrencia no sé si afortunada o no, jejeje
      voy a por las correcciones que me apuntas:
      – Coma, fuera!
      – Cambio “al ver que” por “cuando”
      – En serio?! Al revés?! Buf, dichosas normas que no aprenderé nunca! 😉 Procedo a su cambio.
      -Cambio la “y” por un “así que”. Los dos puntos me cuesta usarlos. Solo los uso para enumeraciones o para la resolución de algo inesperado. Manías mías ;P
      – Cambiada la coma por punto.
      GRACIAS MIL!!
      Un abrazote, Lord!

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  3. Espectacular, Lidia! M’ha encantat, com sempre! La qüestió de la ferida, però, m’ha fet passar-ho malament, i encara tinc tensió per vore com acaba tot, jeje. Lo del vi del final molt graciós.
    Una forta abraçada!

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  4. Espero que las botellas de vino no se evaporen por el camino… ni se avinagren al pasar de una dimensión a otra. Me parece muy bien que sigan disfrutando de algunos placeres de la vida, que no sea todo píldoras del conocimiento.
    Un abrazo.

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