Así salvé mi alma 

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El edificio dedicado a Dios ya estaba terminado. Cada piedra, cada gárgola, cada arco ojival y cada ventana polilobulada había sido construida con mis propias manos. Lo que nadie sabía es que había hecho un trato con el mismísimo diablo, quien, a cambio de la construcción de la iglesia, me había exigido poseer el alma del primer ser que traspasara el umbral del sacro lugar. Pero fui más listo que el diablo e hice entrar a un lobo en la iglesia antes que yo; así salvé mi alma.

@lidiacastro79

 

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Mis historias y otros devaneos by Lídia Castro Navàs is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

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26 comentarios en “Así salvé mi alma 

  1. Pobre lobo… una cosa. Si seguimos a ciertos eminentísimos (nótese la ironía. Incluso el sarcasmo) padres de la Iglesia y filósofos antiguos en los que se basan los sistemas de los anteriores, los animales no tienen alma. ¿Acaso el maestro constructor, maese masón quizá, es un revolucionario de la concepción espiritual? 🙂

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    • Qué alegría, María!!! Ha pasado mucho tiempo!! Espero que tu ausencia haya sido provechosa y tu vuelta, plena de energía renovada, sea para quedarte.
      Pues lo que apuntas es interesante…. mmmm no había pensado en ello jajaja
      Un besazo de luz y un abrazo cargadito de cariño atrasado!!

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