La fórmula 

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Mis pasos resonaban sobre la madera al atravesar el puente cubierto. Iba tan rápido como las piernas me permitían. El frío azotaba a aquellas horas de la mañana y mis pies, anegados por la lluvia incesante, empeoraban la situación. Tenía que llevar la noticia a palacio. La información que atesoraba era de vital importancia, pues acabaría con años de amargura.

El hijo del boticario había encontrado la fórmula. Se dejó la máquina agitadora encendida toda la noche, y gracias a ese descuido, Rodolphe Lindt acababa de dar con la receta definitiva que permitiría que todo el mundo disfrutara de la sensación del chocolate fundiéndose en la boca.

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El postigo

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El espléndido día de sol y calor me hacía envidiar un largo paseo por las más de cien hectáreas ajardinadas. No me permitían salir del palacio, pero me conformaba con admirar los jardines desde mi privilegiada  posición. Mis funciones eran claras: dejar pasar el fresco, impedir la entrada del sol directo y evitar las miradas indiscretas, excepto la mía; los humanos no saben cómo de curiosos podemos llegar a ser los postigos. 

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Desde la fortaleza

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Los inviernos desde la atalaya de la fortaleza eran largos y duros, pero mi tarea de vigía me hacía sentir importante. Toda la ciudad se hallaba a mis pies, servil e indefensa; mientras yo, altiva y robusta, disfrutaba oteando el horizonte en busca de enemigos. Y es que ese es el principal objetivo de una torre de defensa como yo.

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#SemanaAutopublicados

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Os vengo a explicar que un booktuber, que se llama Carmelo Beltrán y que pone rostro a El Rincón de las Páginas (que así se llama su canal), se ha propuesto que esta semana, del 24 al 30 de julio, sea la llamada #SemanaAutopublicados para visibilizar a los escritores/as que decidimos autopublicarnos con todo lo que ello conlleva de inversión tiempo, dinero y energía, y que mucha gente ignora.

Os dejo AQUÍ el vídeo donde lo explica por si queréis verlo.

Lo que pretende este chico es llenar las redes con el hashtag #SemanaAutopublicados para poder dar su apoyo a todos/as las que nos decidimos a autopublicar pero que tenemos que acarrear no solo con la escritura, sino también con la corrección, maquetación, diseño, publicación, difusión… de nuestras obras.

Así pues, quiero animaros a incluir el hashtag #SemanaAutopublicados en vuestros tweets, posts de facebook, entradas en el blog, etc.

Logo y titulo

Yo aprovecho para exponeros, una vez más, el grupo del que soy miembro fundadora, que es Círculo de Fantasía. Somos un conjunto de escritores/as independientes que cultivamos el género fantástico, la ciencia ficción y/o el terror.

Podéis seguirnos en nuestras redes sociales:

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CLONC, CLONC, ZAS

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“Clonc, clonc, zas”

El sol empieza a asomarse por el horizonte dando inicio a un nuevo día.

“Clonc, clonc, zas”

Sus rayos tiñen de rojo los campos dormidos.

“Clonc, clonc, zas”

El silencio de la noche ya olvidada, deja paso al piar de los pájaros, el relinchar de los caballos y los golpes en los postigos que van abriéndose.

“Clonc, clonc, zas”

La brisa que acompaña al alba va amainando y se intercambia por ese calor acuciante del mes de julio.

“Clonc, clonc, zas”

Y yo sigo con mi labor: cortar leña. Aunque no lo haría sin la ayuda de unas manos fuertes que me impulsan sobre los maderos.

“Clonc, clonc, zas”

Firmado: una hacha

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Especies

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En cuanto me vio, posó sus dos ojos amarillos en mí. Su pelaje gris destacaba sobre la tierra árida donde estaba agachada, pero mantenía todos los músculos en tensión; como si fuese a saltar encima mío al menor descuido. Su expresión amenazante me hizo retroceder un par de pasos, mi olfato me decía que sus intenciones no eran buenas y que mi presencia le disgustaba tanto como a mí, la suya. Me habían enseñado a mostrar los dientes y a correr detrás de los de su especie, pero hacía tanto calor que no me apetecía una carrera. Además, yo soy un perro tranquilo y pacífico, más bien perezoso diría mi dueña. 

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Con los cinco sentidos

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Timbales, flautines y dulzainas sonaban sin cesar. El aroma de la leña quemada procedente de las tabernas se olía en el ambiente. En los tenderos, el tacto de la seda atraía las manos más curiosas. Las gentes abarrotaban las calles empedradas, bebiendo, riendo y danzando. Era día de feria en la ciudad; y la feria no solo se vive, sino que se siente. 
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