Ella, la gata

Estándar

Durante el día podías verla subida a un árbol, indiferente, sin mostrar emoción alguna, aunque tranquila y despreocupada. En cuanto oscurecía, mejor no encontrarse con ella, con su apariencia real, pues era un espectro de la noche, segadora de vidas, ladrona de almas…

@lidiacastro79 

Licencia de Creative Commons

Mis historias y otros devaneos by Lídia Castro Navàs is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

 

La búsqueda

Estándar
old-book-2256073_1920

Foto:  pixabay.com

En cuanto llegué a diez pasos de los gruesos muros de la fortaleza me inquieté al ver a dos orcos que flanqueaban sus robustas puertas. Decidí dar un rodeo siguiendo la muralla hasta dar con la salida de aguas residuales. El hedor era tal que sentí una arcada subir por mi garganta. Cogí aire para no vomitar y mantuve mi respiración mientras atravesaba el angosto túnel. Al final del mismo, me encontré con una reja que no fue un obstáculo para mi cuerpo menudo. Ya estaba dentro, ahora solo tenía que llegar hasta la sala del mago, situada en lo alto de la torre principal. Usé el conjuro de invisibilidad para llegar hasta allí sin ser vista. Como aún no dominaba los hechizos, la duración fue bastante corta, pero suficiente para alcanzar mi destino. La sala era de planta circular y con un par de ventanales que le proporcionaban luz suficiente. A mano derecha había una chimenea con un caldero humeante colgando encima. A la izquierda, un mostrador con un alambique oscurecido por el uso. Y en el centro, una mesa de roble con el gran libro de aspecto adusto encima. Eso era lo que estaba buscando.

@lidiacastro79

¿Os ha gustado este microrrelato? Pues encontraréis más y otros contenidos en la revista Stygia del Círculo de Fantasía disponible GRATIS para descargar en pdf.

¡Descárgatela ya! Haz clic en la imagen o AQUÍ 

19400575_10209917200142051_3422079349617303102_o

Licencia de Creative Commons

Mis historias y otros devaneos by Lídia Castro Navàs is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

Juegos de infancia 

Estándar

Los juegos infantiles en la calle son el mejor recuerdo que un niño puede guardar en su memoria y también en su piel: carreras de obstáculos interminables sorteando a los viandantes; aguantar la respiración detrás de una farola y creer que es el mejor escondite; jugar a fútbol e ir todos detrás del balón sin pensar en las normas; salir con la bici y explorar nuevos mundos a la vuelta de la esquina… 

Pero él no experimentó todo eso, no. Solo fue un mero espectador. Y es que él era un niño diferente; su piel no sufrió moratones, ni roces, ni chichones… pues era de cartón. Se dedicaba a observar el mundo detrás de un cristal; el cristal de su escaparate; allí donde pasó su vida como maniquí infantil. 

@lidiacastro79 

Licencia de Creative Commons

Mis historias y otros devaneos by Lídia Castro Navàs is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

Aire arrasador de almas

Estándar

Ese era el sanatorio donde estaba encerrado. Cuando todo sucedió, se encontraba castigado por mal comportamiento. Eso le salvó la vida. La ola de aire arrasador de almas (así llamaron al suceso) sesgó toda la vida que encontró a su paso. Menos la suya; él estaba a buen recaudo en la cámara de aislamiento.
@lidiacastro79 

Licencia de Creative Commons

Mis historias y otros devaneos by Lídia Castro Navàs is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

 

Asesino en serie

Estándar
death-164761_1280

Pixabay

Se dice que nació sin nariz y eso lo convirtió en un despiadado asesino y un vulgar ladrón. Atacaba a sus víctimas por la espalda usando un pañuelo bañado en cloroformo. Después las mataba sin que nada pudieran hacer para defenderse. Y, finalmente, les robaba lo que era más preciado para él: sus narices.

@lidiacastro79

Licencia de Creative Commons

Mis historias y otros devaneos by Lídia Castro Navàs is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

 

Inconsciente 

Estándar

Cuando desperté estaba en un zulo oscuro y húmedo, me sentía aturdida y había perdido la noción del tiempo. No llevaba mi ropa, sino una bata de hospital. Me sorprendió un fuerte dolor en el costado derecho y me llevé la mano de forma instintiva hacia allí. Palpé, con gran temor, una cicatriz reciente, burdamente cosida. Un terror irracional se apoderó de mí y el inconsciente me llevó de nuevo…
@lidiacastro79 

 

Licencia de Creative Commons

Mis historias y otros devaneos by Lídia Castro Navàs is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

El mar

Estándar

image

Vivir al lado del mar es un privilegio conocido solo por unos pocos. Me encanta estar ahí todo el día: tumbada en la arena, disfrutando de los rayos del sol, concentrarme en el vaivén del agua, escuchar ese rumor que me hace adormecer, notar la caricia de la arena sobre mí… Lo que peor llevo son los pies; sobre todo esos con callos, durezas o uñas largas. Me arañan al pasar y me entra un repelús… ¡Y es que ser pasarela de playa tiene sus inconvenientes!

@lidiacastro79

Licencia de Creative Commons

Mis historias y otros devaneos by Lídia Castro Navàs is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License